Esta mañana, mientras dormía, pintaste un «Te quiero» en mi espalda desnuda con un rotulador de esos de tinta indeleble. Sin sospechar nada me giré y ocupé tu espacio de la cama, aún caliente. Te respiré en las sábanas. Luego pude sentir tu beso en mi frente antes de irte a trabajar tan campante. Y allí me quedé, sonriendo con los ojos cerrados. Sola. Y embarazada.