El camaleón se fue desperezando de su letargo… el hambre le había despertado. Lentamente comenzó a moverse, dio unos pocos pasos y vio la Luna. La apetitosa Luna. Relamiéndose, disparó su enrollada lengua hacia ella y la atrapó. De un trago se la zampó! Un eructo salió de sus entrañas y poco a poco volvió a acomodarse en su lecho. El sueño volvía. Se abandonó a él. Otros cien años de apacible letargo transcurrirían, hasta que el hambre volviera a hacer su aparición. Mientras, el mundo, sin su Luna, enloquecía… ¿Cómo sería el siguiente despertar – se preguntaba-? Y se durmió.
M.S. 28*09*2012
